SIMONE DE BEAUVOIR, MISOGINIA Y MENTIRAS PARA CONSTRUIR LA MUJER NUEVA

..la obra cumbre del feminismo, “El segundo sexo”, de Simone de Beauvoir, publicada en 1949, fecha a retener para comprender su propósito y significación. Lo primero que resalta en ella es su intención totalizante, al ofrecer una interpretación completa y definitiva del asunto considerado, y su pretensión de omnisciencia, principios comunes a todo el pensamiento religioso. Examina la condición femenina desde la biología, el psicoanálisis, el materialismo histórico, la historia, los mitos, la política, la economía y algunas disciplinas, o pseudo-disciplinas, más.

Es una lástima que ese ejercicio se realice con materiales intelectuales de segunda y tercera categoría, por lo general tomados de obras de divulgación, pues la autora lo ignora casi todo de los asuntos que trata (esto es obvio especialmente en la parte que dedica al análisis histórico, un rudimentario texto escolar elaborado con lugares comunes), aferrándose además a modas intelectuales de su tiempo ajenas al saber cierto, hoy justamente olvidadas, como son el freudismo y el materialismo histórico. En realidad, lo que hace es literaturizar de forma fácil, simple y ramplona los asuntos tratados, sin voluntad de verdad y, por ello, sin alcanzar ninguna consecuencia apreciable que, en tanto que certidumbre imparcial y objetiva, pueda ser considerada con respeto.

A pesar de la simpleza argumentativa del texto, las instituciones académicas y políticas lo han convertido en un dogma teórico, esto es, un sistema de creencias obligatorias, una religión política en suma, que se impone por aleccionamiento a la multitud (a los hombres tanto como a las mujeres) para que en las mentes de las clases populares prevalezca lo que interesa al poder constituido. La obra, amontonando anécdotas, datos y citas banales junto con reflexiones elementales, parece querer intimidar al lector o lectora. Dado que el método es el habitual en el campo de lo teorético, el axiomático-deductivo, hay que indagar en los axiomas o primeras “verdades” fundantes de la autora. Se observa que su ideología básica es el odio a lo femenino, y que desde ella trata parcial y especulativamente el asunto de la mujer con el deseo de alcanzar conclusiones de tipo feminista. Tal hace del texto la obra cumbre en la combinación de misoginia y feminismo.

Lo primero se manifiesta en el desprecio y rencor con que concibe el cuerpo femenino, negativo en sí, por ejemplo, cuando dice que “todo el organismo de la hembra está adaptado a la servidumbre de la maternidad”, pues ésta, por sí misma, entendida al margen de sus determinantes o condicionantes políticos, económicos y culturales, no es tal, sólo una experiencia humana magnífica, y envidiable, reservada a una parte de la especie, la mujer. Desde luego, considerar la maternidad como una “servidumbre” es situarse en el terreno del machismo más bronco y cuartelero presentando las particularidades de la biología de la mujer como causa de su supuesta inferioridad. Esa literata y sus seguidoras consideran de hecho, con Averroes, que “la mujer es hombre imperfecto”, por lo que ha de dedicar su existencia a hacerse un varón perfecto, negándose sin tregua, imitando en todo a aquél.

Leyendo con espíritu crítico se concluye que Simone de Beauvoir se avergüenza de ser mujer, mientras admira y ambiciona entre líneas la biología del “macho”, expresión que suele usar para referirse al varón, probablemente porque no comprende qué es lo humano esencial y concreto, expresado en la feminidad tanto como en la masculinidad, dado que su cosmovisión es el sexismo zoologista del determinismo biológico, una perversa ideología ilustrada y burguesa urdida en los siglos XVIII y XIX. Un interesante estudio crítico del patológico rechazo fóbico de aquella autora al cuerpo femenino puede encontrarse en J.B. Elshtain, quien recuerda que su compañero intelectual, el pseudo-filósofo J.P. Sartre, haciendo gala de una misoginia aún más repulsiva que la de la autora examinada, lo denomina “infortunada anatomía”: tales son los averiados fundamentos doctrinales del Estado feminista, que tiene en De Beauvoir su santa patrona.

Lo que más resalta, y repugna, en dicho texto, es la descomunal carga de machismo que contiene, la manera tan rencorosa como descalifica el cuerpo de la mujer, a la que con un lenguaje relamido y tortuoso presenta como inferior biológicamente al ser víctima desventurada de unas taras terribles que la naturaleza le ha impuesto al hacerla mujer.

Es éste uno de los textos más misóginos de la historia de la humanidad, cuya admisión por las y los feministas manifiesta la carga atroz de machismo que tienen interiorizada y que les lleva, como no podía ser por menos, a implorar al Estado y a la clase propietaria que les tutele y proteja, única forma, al parecer, de aliviar su inferioridad congénita. Dicha aversión a la mujer es lo que tanto gustó a las militantes de la Falange y de la Sección Femenina que ya desde los años 40 hicieron del libro comentado uno de sus textos más apreciados, cuestión que más adelante se tratará.

La autora se odia a sí misma en tanto que mujer y al varón con el impreciso e inexacto argumento de que la fémina “ha sido, si no la esclava del hombre, al menos su vasalla”, de manera que en ella todo es biliosa animadversión, omnipresencia del odio y envidia enfermiza de lo masculino.

En realidad no es así, pues la rendida devoción de S. de Beauvoir al orden constituido le lleva a ocultar la realidad, que es bastante simple: la discriminación patriarcal no es cosa biológica: está en las leyes positivas, estatales, y proviene de ellas, encontrándose sus causas en el terreno de la política, la economía, las exigencias militares, la biopolítica, la emigración, la religión y otras formas de experiencia social.

Pero, ¿quién hace esas leyes? ¿Todos los varones en general? Es obvio que no. Como ciudadana gala, habría de conocer que no fue obra de todos los varones el Código Civil francés de 1804, que imponía a las mujeres un patriarcado perfeccionado y a los desventurados hombres de las clases populares terribles prestaciones militares (cientos de miles de ellos, probablemente millones, murieron en las guerras napoleónicas, y otros tantos resultaron heridos o quedaron mutilados), laborales, fiscales y de otra naturaleza.

Tampoco fueron los varones en general quienes edificaron el sistema legal patriarcal del franquismo, sino los jerarcas del régimen, con la decisiva ayuda de la Sección Femenina (donde estaban organizadas las mujeres del aparato estatal y de la burguesía, con más de medio millón de afiliadas, defensoras acérrimas en ese tiempo del patriarcado), tras vencer en una guerra y posguerra en la que más del 90% de sus víctimas fueron hombres y menos de un 10% mujeres. Notable desproporción que debe ser explicada, porque significa que el fascismo fue resistido mucho más por los varones que por las féminas, a pesar su supuesta sobre-opresión. Todo esto es elemental, así pues, ¿por qué esta autora, y con ella tantos y tantas, lo niegan y ocultan? De esa forma se culpa a la otra víctima, el varón, y se exculpa al victimario de unos y otras, el aparato estatal. El hombre de las clases populares queda como chivo expiatorio de lo que es obra de las élites gobernantes y la burguesía.

Donde el error se transforma en enormidad ideológica y doctrinal es en su crítica del embarazo, cuando expone, por ejemplo, que “la gestación es un trabajo fatigoso que no ofrece a la mujer ningún beneficio individual y le exige, por el contrario, pesados sacrificios”. Es evidente que para la autora el amor, sobre todo el amor heroico practicado por la gran mayoría de las mujeres cuando son madres, en forma, al mismo tiempo, de práctica, convicción, volición y emoción del desinterés, la generosidad, la magnanimidad, el sacrificio y el esfuerzo longánimo, no sólo no cuenta, sino que además es repudiable. Así, al tratar de la maternidad sólo logra articular salmodias marcadas por un extremado egotismo y solipsismo, cien por cien burgueses en su descarnada búsqueda del interés individual, o lo que el poder constituido presenta como tal.

Destruir el amor en la mujer (y en el hombre) es imperioso para que pueda ser reducida a mano de obra, que es el único objetivo considerado en el texto, lo que es señalado con acierto por Sylviane Agacinski. Es esclarecedor que la escritora exponga tales atrocidades acerca de la gestación y guarde silencio sobre los padecimientos, humillaciones y degradaciones casi infinitas que el trabajo asalariado provoca a la mujer (y al varón) día tras día, incluidas las violaciones de mujeres que tienen lugar en las empresas capitalistas, sobre las que el feminismo guarda un silencio sepulcral, como expresión política que es de los intereses fundamentales del gran capital. De ese modo estamos obligados a creer que son las hijas e hijos los que dañan y expolian a las mujeres, no sus verdaderos explotadores, la clase empresarial y el cada día más poderoso y ávido aparato fiscal.

El atroz desamor a los niños y niñas, por consiguiente, a la maternidad y paternidad, preconizado por De Beauvoir, lo diremos una vez más, manifiesta su respaldo a un programa para la completa deshumanización, para la conversión del género humano en bestias y engendros; en él se revela con claridad el credo feminista actual como lo que es: una expresión señera de lo monstruoso. El desamor a la infancia es la total extirpación del amor en la persona, ya que quien no ama a los niños es incapaz de amar a ningún otro individuo, animal o cosa, siendo, por tanto, un ente aberrante e infrahumano.

Feminicidio o autoconstrucción de la mujer 1º audiolibro, voz Jorge

Noveno extracto del libro: Feminicidio o autoconstrucción de la mujer.

No encontraréis en este texto la retórica aduladora con la que el poder seduce a las mujeres, atrapándolas en el narcisismo más infantil, para que deleguen su futuro en las elites de los poderosos y poderosas y sus servidores.

Los sucesos del pasado han sido adulterados para demostrar que la mujer ha existido en el devenir de la humanidad tan solo como víctima, como excluida y humillada, de ese modo ha quedado la personalidad femenina profundamente dañada porque, en esa narración, carece de cualquier valía, consideración, mérito y respeto por su propia acción y es, por tanto, un ser incompetente, devaluado y menospreciado.

La obligación política de creer por fe el mito de una historia exclusivamente masculina está intoxicando la psique de un gran número de mujeres que, si como hemos hecho nosotros, comenzaran a indagar en el decurso del acontecer humano buscando en sus hechos verificables la verdad, descubrirían que, en los acontecimientos pretéritos, las féminas del pueblo fueron sujetos activos a favor de la libertad y el avance de la humanidad o en su contra, actuando como seres humanos con albedrío y voluntad, al igual que los hombres. Como ellos, fueron manipuladas y victimizadas por las elites de los poderosos en muchas ocasiones o se sacudieron su yugo con bravura y decisión en muchas otras.

«Se produce así la paradoja de que son los poderosos quienes liberan a las mujeres de la presión de los sin poder que son quienes las someten.»

María del Prado Esteban.

Otro blog de interés: https://ciudadapestosablog.wordpress.com/2019/06/08/feminismos/

«La otra Simone»

Imaginemos que el diablo está comprando el alma de un desgraciado y que alguien, apiadándose del desgraciado, interviniera en el debate y le dijera al diablo:

((Es vergonzoso que usted le ofrezca ese precio; el objeto vale por lo menos el doble)).

Esa farsa siniestra es la que ha representado el movimiento obrero, con sus sindicatos, sus partidos, sus intelectuales de izquierda. Ese espíritu comercial ya estaba implícito en la noción de derecho que las gentes de 1789 tuvieron la imprudencia de poner en el centro de la llamada que quisieron gritar a la cara del mundo.

Era, por adelantado, destruir su virtud. La noción de derecho está vinculada a la de reparto, intercambio, cantidad.Tiene algo de comercial. Evoca por sí misma el proceso, el alegato.

El derecho sólo se sostiene mediante un tono de reivindicación; y cuando se adopta ese tono, es que la fuerza no está lejos, detrás de él, para confirmarlo, o sin eso es ridículo.

La noción de derecho nos viene de Roma y, como todo lo que viene de la antigua Roma, que es la mujer llena de nombres de blasfemia a la que se refiere el Apocalipsis, es pagana y no bautizable. Los romanos, que comprendieron, como Hitler, que la fuerza solo consigue la plenitud de la eficacia revestida de algunas ideas, emplearon para ello la noción de derecho.

Si se le dice a alguien capaz de escuchar: ((Lo que usted me hace no es justo)), se puede golpear y despertar, allí donde nace, al espíritu de atención y de amor. No sucede lo mismo con palabras como: ((Tengo derecho a …)), ((usted no tiene derecho a …)); encierran una guerra latente y despiertan un espíritu de guerra.

Simone Weil

(La otra Simone, la que no interesa al Feminismo, la que no pide derechos al aparato de estado, la que no odia la maternidad, y que luchó en la Guerra Civil Española, fusil en mano, siendo ella francesa y profesora de filosofía, y que estuvo trabajando en una fábrica del metal, para saber de primera mano lo que es trabajar en una fábrica, etc.. 100% opuestas, nada que ver)

Un campesino, sobre el que presiona indiscretamente un comprador, en un mercado, para que le venda sus pollos a un precio moderado, puede muy bien responder: “Tengo derecho a quedarme con mis pollos, si no se me ofrece un precio lo suficientemente bueno”. Pero una jovencita, a la que por la fuerza se la intenta meter en un prostíbulo, no hablará de sus derechos. En tal situación, esa palabra parecería ridícula de tan insuficiente.

Simone Weil.

El Estado atacando nuestra convivencia

El Patriarcado es la «ley del Estado». El artículo 57 del Código Civil de 1869 dice: «El marido debe proteger a la mujer y esta debe obedecer al marido».

¿Dónde queda el amor si la mujer nos debe obediencia? Como hombres ¿aceptan el cambio? ¿amor por obediencia?

Si la intención del Estado fuese buena, la ley sería así: «El marido debe proteger a la mujer, así como la mujer debe proteger al marido» osea, protección por protección.

¿Se entiende? si la ley fuese «protección por protección», entonces podríamos sacar la conclusión de que el pueblo no lo estaba haciendo bien, y el Estado intervino para mediar por la paz y la armonía..

Pero, que la ley sea «protección por obediencia», lo que quiere decir es que el pueblo se llevaba bien, y el Estado intervino para darle la vuelta a la tortilla, y que nos llevemos mal.

¿Qué les parece si hacemos que el estado se tenga que comer sus proyectos de ingeniería social?

El caos feminista

Las terminaciones indican otras cosas, por ejemplo:

Cubo – Cuba = diferencia de tamaño
Huerto – Huerta = conjunto
Leño – Leña = conjunto

Matemáticos son los hombres y las mujeres que estudian Matemáticas = conjunto

Palabras que acaban en A:
los grupos de animales – Jirafa, tortuga, hiena, cebra
las categorías de plantas – Orquídea, rosa, margarita
las ramas de oficios – Albañilería, sastrería, orfebrería

La separación entre masculino y femenino es un «invento» intelectual, un invento bastante antiguo, pero un invento, de un gramático griego llamado Protágoras.

Los casos, que los hay, de palabras que apuntan al género, por ejemplo «yegua», no tienen un origen natural. Se hizo necesario separar a los animales por sexos para su comercialización, y para crear la nueva palabra se guían por el manual de Protágoras.

Por eso los animales que no han sufrido un proceso de comercialización tan fuerte, tampoco tienen una separación sexual en su nombre.

Y así con todo. Para nosotros comprender, necesitamos analizar, estudiar, investigar. Lo que le sucede al feminismo (a quien dentro del feminismo tenga buena intención) es que al verse superado por la complejidad del asunto, y presionado por la urgencia de una solución, aceptan cualquier teoría sin haberse parado a investigarla lo suficiente.

Carmé Jiménez Huertas tiene además un libro llamado «Las lenguas romances no vienen del Latín», que para mi ha sido clave para comprender muchas cosas. Si no venimos del Latín, entonces las etimologías que nos han llegado no sirven para nada. Quiere decir, que está todo por hacer en esta materia.

Bueno y mucho más, a nosotros nos dicen que «el pueblo degeneró el Latín», porque el pueblo para ellos es «chusma» siempre, y la chusmá degeneró el Latín..

Rotúndamente NO, nosotros podemos estar usando ahora lengua prerromana + alfabeto latino, nos metieron el alfabeto, pero no la lengua, la lengua es nuestra. Sí hubo posiblemente movimientos de gentes, y las lenguas no están en la misma posición. Incluso alguna habrá perdido mucho hablante (sólo hay que mirar el gallego que está desapareciendo ahora), pero de ahí a decir que venimos del Latín.. UNA ESTAFA.

Otras palabras que nos pueden hacer dudar: niño – niña

Lo mismo, tenemos que investigar qué ha pasado en este caso. Para que vean que su origen es tan incierto, que llevan un par de siglos intentando ponerse de acuerdo.

Una vez que nos han introducido su forma de pensar, nosotros mismos podemos estar modificando nuestro lenguaje de acuerdo a ese sistema. Por tanto la crítica debiera ir acompañada del estudio, para no seguir reproduciendo aquel modelo, pero no atacar sin más todo lo que «parezca» serlo, como he visto en muchos textos feministas que resultan imposibles de leer por el caos de las terminaciones. No creo que algo así beneficie a la búsqueda de la verdad.

<<El origen de esta palabra es aún tema discutido, lo cual se comprueba cotejando las diversas etimologías que para explicarlo ha ido presentado el diccionario académico desde sus inicios hasta la actualidad.

En 1734, el recién elaborado diccionario de la Academia se abstiene de formular etimología alguna, aunque lo equipara con las palabras latinas “puer” (niño) y “puella” (niña), de las que, por su forma, no podría derivar; “puer”, dicho sea de paso, se mantiene vigente en “puericultorio”.

Más adelante, en 1884, el DRAE se animará a dar una etimología: la palabra latina “minimus” (‘pequeño’), de lo cual, sin embargo, no parecen estar tan seguros, pues desde 1899 hasta 1939 la reemplazará “menino”, esto es, el ‘caballero que desde niño entraba en palacio a servir a la reina o a los príncipes niños’, palabra que, según Covarrubias, significa “niño” en portugués, y que encontramos en el famoso cuadro “Las Meninas”, de Velásquez.

Pero no parecen estar muy convencido aún de esta hipótesis y así, en 1956, se presentará como origen “ninna”, tomada de las pronunciación infantil. Con esta parece haber más relación, pues muchas palabras latinas que tenían -nn- pasaron al español como “ñ”, tal como sucedió con “annus”, que originó “año”.

Sin embargo, en 1970 se remite a “ninnus”, la cual sería una forma probable en latín vulgar que habría evolucionado hasta niño, pues las palabras latinas acabadas en -us pasaron al español con la terminación -o (lupus>lobo, carrus>carro). La forma, al parecer, no resulta totalmente convincente, porque catorce años después, el diccionario vuelve a cambiar y presenta ahora como origen nuevamente la voz infantil “ninno”, en masculino, etimología que es la que permanece hasta la última edición, de 2001.

Queda claro que el origen de “niño” es aún incierto y que se intenta buscar un origen que, muchas veces, al no estar documentado solo puede ser supuesto.>>

No se ponen de acuerdo, precisamente porque siguen arrastrando el lastre de «la descendencia latina», como pueden observar.

La sexualidad popular

Entre los años 1935 y 1961, aproximadamente, Ramón Serrano Vicens (1908-1978), médico de cabecera rural seguidor de las investigaciones que sobre sexualidad estaba haciendo en EEUU Alfred Kinsey, realiza una encuesta entre casi 1.500 mujeres de diversos territorios de Iberia, pacientes suyas a las que invita a contestar a preguntas sobre su actividad carnal. Tal investigación, la mayor realizada en Europa en ese tiempo, fue publicada en dos libros, “La sexualidad femenina”, 1971, e “Informe sexual de la mujer española”, 1978.

El autor tiene el acierto de diferenciar a las mujeres que entrevista por clases sociales, estableciendo cuatro grupos. Concluye que donde existe mayor libertad y una más rica actividad libidinal es entre las féminas de las clases modestas, del pueblo. Tal inferencia es decisiva, pues nos lleva a recuperar la noción de sabiduría popular erótica frente a la disfuncionalidad y ñoñería de las y los poderhabientes, o peor aún, de las clases medias y pequeña burguesía, las más mojigatas y mentalmente estreñidas de todas. El aprendizaje de lo erótico en la calle, en la vida, lo califica de “enseñanza verbal”, antagónica con la actual “educación sexual” escolar, mero adoctrinamiento a cargo de los agentes biopolíticos del Estado, cada día más enloquecidos.

Serrano encuentra que el coito preconyugal era practicado por el 33% de las mujeres, el 7% de las clases altas y el 41% de las integrantes de las clases populares, el 80% de ellas con orgasmo. Estos datos, por sí mismos, refutan la maliciosa visión que se nos ofrece actualmente de nuestras muy queridas abuelas, como criaturas estólidas y anti-eróticas, dominadas por el clero (debido al parecer a que eran rematadamente estúpidas…) e incapaces de vivir apasionadamente el sexo y, más aún, de experimentar orgasmos auténticos, diferentes a los pseudoorgasmos, sin sustancia y enfermantes, que hoy la biopolítica ha convertido en obligatorios, aquéllos que otorga la masturbación.

Artículo completo:
http://www.felixrodrigomora.org/…/la-sexualidad-feminina.pdf

La maternidad y la bravura.

La maternidad

El discurso de que la maternidad impide a la mujer ser un humano completo está anclado en la cultura anti-natural que pretende rechazar.

Primero hay que exponer que existen pueblos donde las mujeres NO SIENTEN DOLOR al parir, llegando incluso a sentir PLACER. (esto, que es impresionante, es algo super desconocido, ¿porqué el Feminismo no dijo nada?)

En nuestras sociedades las niñas reciben una inyección muy fuerte de miedo, a través del cine y la televisión, que muestran el acto de parir como algo horrible, doloroso y medicalizado (rodeado de extraños). Lo que tiene grandes repercusiones en la sociedad. Tenemos niñas que se sienten mal por ser niñas, y niños que se sienten aliviados de no ser niñas.

Según Casilda Rodrigañez, experimentada matrona autora del libro ‘Pariremos con placer. Apuntes sobre la recuperación del útero espástico y la energía sexual femenina’, el dolor al parir es provocado por varios motivos:

  • La voz de los padres tiene el poder de ATROFIAR el desarrollo sexual. En nuestra sociedad solemos prohibir la experimentación con nuestros genitales y transmitir nuestros lastres por medio de la voz, “¡no hagas eso!, ¡eso no se hace!”.  Nos cuenta que esto sucede también con los lobos, donde la hembra alfa es capaz de REPRIMIR la sexualidad de sus compañeras por medio de la intimidación. Es la hembra alfa la única que tiene crías, las demás hembras NO OVULAN.
  • En su cultura no se reprimen los juegos sexuales infantiles, y la sexualidad adolescente, la experimentación es libre, con lo que el útero gana en elasticidad, según nos cuenta. Además son mujeres que se ejercitan físicamente, con lo que su esqueleto no se resiente.

Escribe Casilda:
“¡Cómo se entiende ahora el triple mandato encadenado de Yavé:
el hombre te dominará, pondré enemistad entre ti y la serpiente y parirás con dolor! Verdadero cimiento de la civilización patriarcal.”

No es la única matrona que va en esta dirección, tenemos a Michel Odent y su libro “El bebé es un mamífero”, donde exclama por una des-medicalización del parto (parto sin expertos), o el también obstetra Frédérick Leboyer que hace incapié en un “parto sin violencia”. Nos dice Leboyer que el bebé es golpeado por un extraño al nacer, lo que supone “una marca” de agresión que nos queda grabada. https://www.youtube.com/watch?v=x3UqFmPO3lo

Es extensa la exposición que ofrece Casilda Rodrigañez. No puedo pegar aquí todo lo que cuenta. Lean su libro si quieren saber más:

“El útero es una bolsa formada por haces de fibras musculares, con una puerta de salida, el cervix, donde estos haces se concentran para poder cerrar la puerta herméticamente con el fin de sostener el peso del feto, de la placenta, del líquido amniótico, etc. contra la fuerza de la gravedad; y, al mismo tiempo poder abrirse hasta los famosos diez cm. para que salga el bebé a término. La bolsa uterina integrada en el cuerpo de la madre fue un gran invento evolutivo que resolvió de forma prodigiosa la contradicción entre la consistencia del envoltorio protector para que crezca el embrión, y su salida al llegar a término (por ejemplo, los huevos de las aves no pueden ser más consistentes porque de otro modo el polluelo a término no podría romperlo para salir). El tejido muscular es fuerte y al mismo tiempo elástico y flexible; elástico para albergar a la criatura según va creciendo, fuerte para apretar las fibras musculares del cuello y aguantar 10 ó 12 kgs. de peso contra la fuerza de la gravedad, y flexible para la total relajación, distensión y apertura de la salida. Y todo esto con un dispositivo de cierre y apertura en el que participa un sistema neuroendocrino y neuromuscular, el cual a su vez depende de la sexualidad de la mujer. Juan Merelo-Barberá decía que este dispositivo no es otra cosa que el orgasmo y el proceso de excitación previa, y que el orgasmo fue el invento evolutivo para accionar la apertura del útero.”

También expone Casilda que usan anticonceptivos naturales. Las mujeres de la tribu salen de excursión para buscar una planta, con la que consiguen inhibir la ovulación durante meses. Es un conocimiento que ocultan a los hombres, nos cuenta, lo que les da gran autonomía sobre su vida y no provoca conflicto.

La bravura

La segunda parte de la argumentación tiene relación con el poderío físico y la determinación que presentan las mujeres en libertad, que están lejos de rechazar la maternidad como algo que “las limita”.

Escribe el historiador griego Heródoto (484 – 425 a. C)
“Jamás, respondieron ellas; a nosotras no nos es posible vivir en compañía de vuestras hembras, pues no tenemos la misma educación y crianza que ellas. Nosotras disparamos el arco, tiramos el dardo, montamos un caballo, y esas habilidades mujeriles de hilar el copo, enhebrar la aguja, atender a los cuidados domésticos, las ignoramos: vuestras mujeres, al contrario, nada saben de lo que sabemos nosotras, sino que sentadas en sus carros cubiertos hacen sus labores sin salir a caza ni ir a parte alguna. Ya veis con esto que no podríamos avenirnos. Si queréis obrar con rectitud, y estar casados con nosotras como es justicia y razón, lo que debéis hacer es ir allá a veros con vuestros padres, pedirles que os den la parte legítima de sus bienes, y volviendo después, podremos vivir aparte formando nuestros ajuares.”

Como vemos, estas bravas AMAZONAS no rechazan la maternidad y se vuelven lesbianas, nada de eso, ellas están rechazando una vida de sumisión, como la que nosotros sufrimos ahora. La maternidad no les impide ser fuertes y hacerse cargo de todas las actividades que exige la existencia en libertad, incluída la AUTO-DEFENSA.

No nos puede sorprender entonces que hubiera pueblos donde las tareas se realizaran al revés. Heródoto denuevo en ‘Los nueve libros de la historia. Libro IV. Melpómene’:

“Allí son las mujeres las que venden, compran y negocian públicamente, y los hombres hilan, cosen y tejen, impeliendo la trama hacia la parte inferior de la urdimbre; cuando los demás la dirigen comúnmente a la superior.

Allí los hombres llevan la carga sobre la cabeza, y las mujeres sobre los hombros. Las mujeres orinan en pie; los hombres se sientan para ello. Para sus necesidades se retiran a sus casas, y salen de ellas comiendo por las calles, dando por razón que lo indecoroso, por necesario que sea, debe hacerse a escondidas, y que puede hacerse a las claras cualquier cosa indiferente.

Ninguna mujer se consagra allí por sacerdotisa a dios o diosa alguna: los hombres son allí los únicos sacerdotes. Los varones no pueden ser obligados a alimentar a sus padres contra su voluntad; tan solo las hijas están forzosamente sujetas a esta obligación…”

Negar la maternidad, negar su propia biología, es haber interiorizado los lastres que ustedes mismas dicen rechazar, es dejar que esos lastres les guíen la vida.

Personalmente mi propuesta es derribar al aparato de estado que nos está enjaulando la existencia. Y la única forma de hacerlo es “dejándolo de necesitar”, pues su nacimiento y su ascenso modernos tienen relación con una dejación de responsabilidades de la masa popular. El pueblo debe “ser por sí mismo” y no necesitar un aparato de expertos que le solucionen la vida (que ya vemos para lo que está sirviendo).

La sexualidad sin dominación

Extracto del artículo de John Zerzan «Futuro Primitivo»

“Los pigmeos del Zaire celebran las primeras menstruaciones de las chicas con una gran fiesta de gratitud y alegría. La mujer joven experimenta el orgullo y el placer, y todo el grupo demuestra su felicidad. Por el contrario, entre los aldeanos agricultores, una mujer que tiene la menstruación es considerada impura y peligrosa, y se la tiene en cuarentena por un tabú. Dramper se impresionó por las relaciones distendidas e igualitarias entre hombres y mujeres San, con su suavidad y respeto mutuo, tipo de relación que perdura, mientras los san continúan siendo recolectores cazadores.”

“Un curioso fenómeno concerniente a las mujeres recolectoras cazadoras, es su capacidad de impedir la preñez en ausencia de todo tipo de anticonceptivo. Diversas hipótesis han sido formuladas y rechazadas, por ejemplo que la fertilidad esté ligada a la cantidad de grasa del cuerpo. La explicación que parece plausible se apoya en el hecho de que los humanos no domesticados están más en harmonía con su ser físico que nosotros. Los sentidos y los procesos físicos no les son extraños ni se les hacen grandes; el dominio sobre la fecundidad es sin duda menos misterioso para aquellos para los que el cuerpo no se ha vuelto un objeto externo sobre el que se actúa.”

“Duffy ha descubierto que todos los niños de un campamento Mbouti llaman padre a todos los hombres y madre a todas las mujeres. Los niños de los recolectores cazadores se benefician de más atención y cuidados y más tiempo de dedicación que los de las familias nucleares aisladas por la civilización. Taylor ha descrito un contacto casi permanente con sus madres y con otros adultos de los que se benefician los niños bosquimanos. Los bebes ¡Kung estudiados por Ainsworth presentan una precocidad marcada del desarrollo de las primeras actitudes cognitivas y motrices. Eso se atribuye tanto a la estimulación favorecida por una libertad de movimientos sin trabas, como al nivel de calor y proximidad física entre los padres y los niños.”

“Draper ha podido observar que la competición en los juegos está prácticamente ausente entre los ¡Kung, igual que Shostack observa que los chicos y chicas ¡Kung juegan de una manera parecida y comparten la mayor parte de los juegos. Ha descubierto también que no se prohibe a los niños los juegos sexuales experimentales, esta situación es pareja a la libertad de los jóvenes Mbouti durante la pubertad se libran con deleite y alegría a la actividad sexual preconyugal. Y los Zoumi no tienen ninguna noción de pecado, como dice Ruth Benedict en la misma línea de ideas, la castidad como estilo de vida está mal considerada….. Las relaciones agradables entre sexos no son más que un aspecto de las relaciones agradables entre humanos…. La sexualidad es un hecho banal en una vida feliz.”

Me gustaría que se notara la diferencia que existe entre agricultores y recolectores. Los recolectores son pueblos libres, que no hacen la guerra, no se pelean, no acumulan propiedades, no hay separación sexual del trabajo, no representan la violencia en sus juegos y teatros..

Por el contrario los pueblos agricultores tienen las características contrarias. La agricultura es el comienzo de la propiedad de la tierra.

Dominar a los animales nos vuelve «astutos, crueles y violentos». Se empieza domesticando a los animales y se continua domesticando a las mujeres.

La domesticación de animales y plantas NO ES un avance evolutivo, como lo presenta La Universidad, sino que es «una elección», que nos ha llevado a la situación actual (barbarie).

Los pueblos recolectores apenas tienen rituales o simbologías (el ritual es la forma de imponer una estructura social a las nuevas generaciones), mientras que los pueblos agricultores tienen rituales y simbologías por todas partes.

No se confunda la domesticación con la caza. Cazar animales no provoca cambios profundos en las especies a consumir, ni en la especie consumidora. Los cambios los provoca la domesticación, a peor siempre.

La domesticación de animales y plantas provoca una pérdida de diversidad, la desertificación de los suelos(plantas), el empobrecimiento genético de las especies a consumir y por consiguiente la desnutrición de la especie consumidora.

La agricultura es incompatilbe con el bosque, mientras que la recolección necesita el bosque.

Nuestra esclavitud se basa en la agricultura. Los imperialistas árabes que invadieron la península ibérica en el año 711 eran grandes latifundistas. Hoy nuestra esclavitud está basada también en el latifundio.

Las élites destruyen el bosque porque saben que el bosque permite la autosuficiencia.

La civilización RURAL que surgió a partir del siglo 7 en la Península Ibérica tenía una gran base recolectora. Se hacía pan de bellota y de castaña. Se recolectaban miles de plantas, había una cultura de la recolección muy extendida.

Este Mundo Rural muere en el siglo 20, después de resistir el asedio de La Corona durante más de 1.000 años.

A nosotros nos cuentan una historia de reyes y batallas, donde el pueblo es una masa de esclavos que no cuenta para nada.

Es todo mentira. Debemos «redescubrir nuestra historia». Está todo por hacer.

El dolor en el parto no es natural.

¿Sabían que existen pueblos donde las mujeres NO SIENTEN DOLOR al parir, llegando incluso a sentir PLACER? esto, que es impresionante, es algo super desconocido, ¿porqué el Feminismo no dijo nada?

En nuestras sociedades las niñas reciben una inyección muy fuerte de miedo, a través del cine y la televisión, que muestran el acto de parir como algo horrible, doloroso y medicalizado (rodeado de extraños).

Lo que tiene grandes repercusiones en la sociedad. Tenemos niñas que se sienten mal por ser niñas, y niños que se sienten aliviados de no ser niñas.

Según Casilda Rodrigañez, experimentada matrona autora del libro ‘Pariremos con placer. Apuntes sobre la recuperación del útero espástico y la energía sexual femenina’, el dolor al parir es provocado por varios motivos:

– La voz de los padres tiene el poder de ATROFIAR el desarrollo sexual. En nuestra sociedad solemos prohibir la experimentación con nuestros genitales y transmitir nuestros lastres por medio de la voz, “¡no hagas eso!, ¡eso no se hace!”. Nos cuenta que esto sucede también con los lobos, donde la hembra alfa es capaz de REPRIMIR la sexualidad de sus compañeras por medio de la intimidación. Es la hembra alfa la única que tiene crías, las demás hembras NO OVULAN.

– En su cultura no se reprimen los juegos sexuales infantiles, y la sexualidad adolescente, la experimentación es libre, con lo que el útero gana en elasticidad, según nos cuenta. Además son mujeres que se ejercitan físicamente, con lo que su esqueleto no se resiente.

Escribe Casilda:
“¡Cómo se entiende ahora el triple mandato encadenado de Yavé: el hombre te dominará, pondré enemistad entre ti y la serpiente y parirás con dolor! Verdadero cimiento de la civilización patriarcal.”

No es la única matrona que va en esta dirección, tenemos a Michel Odent y su libro “El bebé es un mamífero”, donde exclama por una des-medicalización del parto (parto sin expertos), o el también obstetra Frédérick Leboyer que hace incapié en un “parto sin violencia”. Nos dice Leboyer que el bebé es golpeado por un extraño al nacer, lo que supone “una marca” de agresión que nos queda grabada. https://www.youtube.com/watch?v=x3UqFmPO3lo

Es extensa la exposición que ofrece Casilda Rodrigañez. No puedo pegar aquí todo lo que cuenta. Lean su libro si quieren saber más:

“El útero es una bolsa formada por haces de fibras musculares, con una puerta de salida, el cervix, donde estos haces se concentran para poder cerrar la puerta herméticamente con el fin de sostener el peso del feto, de la placenta, del líquido amniótico, etc. contra la fuerza de la gravedad; y, al mismo tiempo poder abrirse hasta los famosos diez cm. para que salga el bebé a término. La bolsa uterina integrada en el cuerpo de la madre fue un gran invento evolutivo que resolvió de forma prodigiosa la contradicción entre la consistencia del envoltorio protector para que crezca el embrión, y su salida al llegar a término (por ejemplo, los huevos de las aves no pueden ser más consistentes porque de otro modo el polluelo a término no podría romperlo para salir). El tejido muscular es fuerte y al mismo tiempo elástico y flexible; elástico para albergar a la criatura según va creciendo, fuerte para apretar las fibras musculares del cuello y aguantar 10 ó 12 kgs. de peso contra la fuerza de la gravedad, y flexible para la total relajación, distensión y apertura de la salida. Y todo esto con un dispositivo de cierre y apertura en el que participa un sistema neuroendocrino y neuromuscular, el cual a su vez depende de la sexualidad de la mujer. Juan Merelo-Barberá decía que este dispositivo no es otra cosa que el orgasmo y el proceso de excitación previa, y que el orgasmo fue el invento evolutivo para accionar la apertura del útero.”

También expone Casilda que usan anticonceptivos naturales. Las mujeres de la tribu salen de excursión para buscar una planta, con la que consiguen inhibir la ovulación durante meses. Es un conocimiento que ocultan a los hombres, nos cuenta, lo que les da gran autonomía sobre su vida y no provoca conflicto.

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